Conceptos Imprescindibles

«Nadie ha logrado aprender el arte del ajedrez puramente de libros. Así cómo uno debe sumergirse en el agua para aprender a nadar, con el fin de convertirse en ajedrecista uno debe jugarlo.»

Gregory Levenfish

 

En ajedrez, el océano de teoría es insondable, autores hay por cientos, y obras por miles de miles; aunque esto no es sorpresa considerando que se trata de un juego matemáticamente infinito. De manera que las destrezas de cada jugador, sin contar los casos de talento natural cómo los campeones mundiales Garry Kaspárov, Viswanathan Anand o Magnus Carlsen, varían acorde a la literatura que han estudiado y la constancia que han dedicado a practicar sus recursos ajedrecísticos en general.

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Es bien sabido el refrán que dice ‘la práctica hace al maestro’, pero es bueno saber además que un gran maestro es por siempre un estudiante dichoso de aprender e innovar constantemente su catálogo de ideas en pos del enfoque activo esencial para obtener resultados notables en su habilidad de juego, dónde la técnica correcta potencia las virtudes del estilo. Aunque lo complicado yace al momento de abarcar todo lo manifestado en las obras teóricas y darle un sentido aplicable al estilo individual, es decir, al poner las ideas en práctica de acuerdo a las fortalezas propias mejorando simultáneamente las áreas dónde el jugador es débil, lo cuál se logra ejercitando los principios lógicos que asisten al desarrollo de un tacto ajedrecístico fuerte y carente de faltas estratégicas.

Por esta razón, a lo largo de la historia de este fantástico juego, sus admiradores han dedicado grandes empeños para elaborar principios versátiles que guíen el buen desarrollo de los combates en el tablero ajedrezado; así por ejemplo, antiguos registros del mítico pre-ajedrez árabe Shatranj contenían los primeros esquemas de ‘aperturas’ acorde a las reglas de la época, dónde los jugadores no pasaban al ataque hasta haber compuesto sus ‘tabbiyat’ u arreglos de batalla.

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Tabbiyat Mujannah – Mashaikhi

Lo cual demuestra una tendencia inherente del ajedrez por enfatizar el valor de componer posiciones según criterios estratégicos desde sus orígenes, cosa que con el paso de los siglos y la introducción del moderno ajedrez en la cultura occidental produjo la ya citada bibliografía temática sobre táctica, estrategia, finales, medio-juego, aperturas, etc. cuya abundancia puede fatigar incluso a los más estudiosos en la materia porque generalmente ciertas normas de juego pueden formar conceptos rígidos de poca o nula utilidad. Casos notables yacen en la creencia de que memorizar órdenes de movimientos iniciales aporta un avance a la comprensión del jugador o que jugar finales resulta «aburrido» porque alguno quisiera forzar un jaque mate con las primeras jugadas no considerando lo irreflexivo de sus ataques injustificados, cuándo en realidad tales paradigmas no sólo ralentizan el progreso dinámico sino también que restringen la capacidad imaginativa y cognitiva del ajedrecista, algo que incluso en la actualidad se asocia con la escasez de ideas en los jugadores que sustituyen el propio razonamiento por los análisis de módulos informáticos cómo única fuente de ilustración para realizar jugadas de manera ‘automática’, subestimando la comprensión estratégica pura del juego y, en consecuencia, generando déficits de entendimiento que afectan el progreso individual, siendo esto precisamente lo que se debe evitar tanto en literatura cómo en la práctica.

Por ello, el eminente campeón Emanuel Lasker en su pionero Manual de Ajedrez de 1925, que hasta la fecha de hoy sostiene conceptos vigentes, reflexionó así:

Emanuel-Lasker-481La educación en ajedrez debe ser una educación en pensamiento independiente y juicio crítico. El ajedrez no debe ser memorizado, simplemente porque no vale la pena. Si cargas tu memoria, debes saber por qué. La memoria es muy valiosa cómo para almacenarla de insignificancias. De mis cincuenta y siete años he aplicado al menos treinta en olvidar la mayoría de lo que he aprendido u leído, y porque he triunfado en esto he adquirido una cierta destreza y alegría con la cual nunca jamás quisiera no estar otra vez. Si es necesario, puedo incrementar mi habilidad en ajedrez; si es necesario puedo hacer aquello de lo cual no tengo ni idea en el momento. Pues he almacenado poco en mi memoria, pero puedo aplicar ese poco, y es de buen uso en muchas y variadas emergencias. Lo mantengo en orden, pero me resisto a cualquier intento de aumentar su peso muerto.

No se debería conservar en la mente: nombres, números, situaciones aisladas, ni tan siquiera resultados, pero sí solo métodos. El método es flexible y se puede aplicar en cada situación. En cambio el resultado, el incidente aislado, es rígido, porque está sujeto a condiciones enteramente subjetivas. Los métodos producen numerosos resultados; unos pocos de estos permanecen en la memoria, y mientras se conserven pocos, son útiles para ilustrar y mantener vivas las reglas que producen múltiples resultados. Tales resultados útiles deben ser renovados de vez en cuándo así cómo la comida fresca se debe suplir a un organismo viviente para mantenerlo fuerte y saludable. Pero los resultados útiles de este modo tienen una conexión viva con las reglas, y éstas a su vez se descubren al aplicar un método vivo: el todo en esta metodología debe tener vida. Y más que eso, una vida armoniosa.

Esta vida armoniosa surge de la vida; y la vida sólo se genera por la vida. Aquel que quiera educarse a sí mismo en ajedrez debe evitar lo que está muerto en él: teorías artificiales, sostenidas por escasos ejemplos y descartadas debido a un exceso de ‘ingenio humano’; el hábito de jugar con oponentes inferiores; la costumbre de evadir trabajos complicados; la debilidad de usar acríticamente las variantes o reglas descubiertas por otros; la vanidad narcisista; la incapacidad de admitir errores; en breve, todo aquello que conduzca a un estancamiento u anarquía.

De manera que la base para desarrollar dicho sentido metódico triunfante, radica en los procesos objetivos de la técnica basados en normas orientativas que impulsan la evolución del juego según lo requiera la situación descrita en el tablero, y son en sí, la clave fundamental para entender los conceptos imprescindibles del ajedrez, ideas que varios autores han designado acorde a su perspectiva única de los factores estratégicos en las posiciones y que si bien no son dogmas estrictamente, son la guía para comprender el método a aplicar. Tal cómo se explica en la obra «Cómo Evaluar Tu Ajedrez, 4ta Edición» basándose en el uso de los llamados «desequilibrios posicionales»:

Si quieres tener éxito, debes basar tus movimientos y planes en criterios orientados por los desequilibrios existentes en la posición dada, ¡no en tu humor, ni en tus gustos y/o miedos!

Un «desequilibrio» es cualquier diferencia notable entre las posiciones rivales. Aprendiendo a leer los desequilibrios del tablero los planes ganadores surgen espontáneamente.

En definitiva, todo esto se resume en fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas cómo en todas las áreas de la vida. Garry Kaspárov también se refiere sabiamente a esto en su más reciente Clase Magistral, diciendo:

No existe una regla que exija detener la adquisición de ventajas posicionales y avanzar con tácticas. Es algo que uno siente y que es importante para encontrar oportunidades ventajosas. Así que nunca se debe dejar de hallar una oportunidad para forjar amenazas y ganar material, porque siempre las hay, especialmente si uno tiene piezas bien colocadas, controlando el centro del tablero u acumulando presión para dirigir un ataque al rey adversario.

How-Many-Professional-Chess-Players-Are-There-In-The-World-3.jpgEso es lo que hace la diferencia entre los buenos jugadores, los muy buenos y los mejores de los mejores, ya que uno intuye cuándo es el momento correcto. Es difícil de explicar, pero se trata de saber jugar en el momento preciso usando las ventajas posicionales y las piezas dominantes, para convertirlas en una ventaja material decisiva. Aunque hay una recomendación, o le diría yo una advertencia: cuándo examinamos una posición y sus elementos tácticos hay que destacar aunque sea un tema estratégico, ya que una buena combinación táctica incluye algunos componentes [refiriéndose a los temas que surgen de la táctica cómo ataque doble, clavada, sobrecarga, etc. de los que se trata en la correspondiente literatura especializada]. Por ello es importante conocer tantas posiciones o patrones cómo sea posible aprender, pues uno nunca sabe cuándo resulten de utilidad en ciertas situaciones.

No hay que ser dogmáticos, ya que tampoco se trata de hacer un movimiento en reacción de otro, o de que un patrón sea más importante que otro, siempre hay variantes, y debido a esto creo que es de ayuda estar cómodo conociendo diferentes posiciones. Los patrones múltiples crean diversas configuraciones; por esta razón soy cuidadoso de ser muy específico y forzar el aprendizaje con una actitud de pensar ‘esta o aquella es la manera correcta de aprender ajedrez’. El aprendizaje del ajedrez es un proceso constante, e incluso un jugador del más alto calibre no debería dejar de aprender porque es posible hallar nuevos temas con la disposición a descubrirlos.

Todos estos ‘nuevos temas’ son parte de la inagotable lista de conceptos, criterios y métodos, que afortunadamente pueden condensarse en un índice instructivo de las ideas dominantes en el campo de batalla ajedrecístico, pues, aunque la naturaleza caótica del juego en cuestión sea combinatoriamente infinita, las posibilidades implícitas en su desarrollo se reducen a medida que las posiciones se van coordinando y simplificando según parámetros de lógica, los cuales permiten al jugador mantenerse a flote y nadar libremente en el mar de teorías en ajedrez.

estrategia y tactica

Pero la problemática general no se basa puramente en ideas filosóficas redundantes, que si bien apoyan a reforzar la convicción de progreso según la experiencia de hábiles jugadores, no pueden servir para nada sin el enfoque activo esencial en la evolución del practicante, pues para jugar ajedrez es suficiente con saber el movimiento de las piezas, pero lo que permite que un jugador pueda llamarse ‘ajedrecista’ es la sutileza con la que aplica los criterios del movimiento, y considerando que los tópicos verdaderamente didácticos se hallan esparcidos en tantos libros que resulta inabarcable dedicarse a todos y cada uno de ellos, es bueno destacar un enfoque objetivo de conceptos guía para que la intuición del ajedrecista los pueda compilar en sus procesos categóricos de pensamiento con el fin de lograr una comprensión holística en el desempeño cognitivo y pragmático de esta pasión por el triunfo en el rey de los juegos; permítasenos entonces detallar a continuación las abstracciones primordiales u parámetros de lógica que ha generado el sentido común ajedrecístico a lo largo de su historia en las obras teóricas dedicadas a perfeccionar el desempeño absoluto en esta disciplina, complementarios cada cual e indispensablemente prácticos en el catálogo de ideas para todo jugador, los conceptos imprescindibles:

  • Tempo

Es el ritmo con el que se mueven las piezas durante cada turno. Da luz al principio de Máximo Potencial, pues implica lograr la mayor efectividad para las piezas con el mínimo gasto de jugadas en su desplazamiento, y éste a su vez genera cuatro principios recíprocos: de Comparación, de Auto-crítica, de Ataque y de Evolución/Revolución.

  • Espacio

Es el territorio de la batalla, dónde se definen los Elementos de la Estrategia, componentes concretos de una posición, clasificados en Dinámicos: Táctica, Profilaxis y Sacrificios Posicionales; Estáticos: La geometría del tablero; y el elemento híbrido Estático-Dinámico: La estructura de peones.

Según su contemplación se determina la evaluación posicional que corresponde a la detección de una posición crítica y la detección de debilidades.

  • Armonía

Es la coordinación del sistema de piezas integradas para funcionar cómo unidad en el ataque y la defensa. Implica la movilización de las propias fuerzas en el espacio controlado aplicando la economía del tempo para la detección de amenazas, tanto propias cómo las del adversario, al ser el componente principal de toda secuencia combinatoria de jugadas que alteran la armonía de cualquier posición y conducen a la Simplificación Dinámica.

  • Libre Iniciativa

Es la síntesis de conocimientos relativos a los matices de la posición que, tras la proyección del cálculo de jugadas candidatas permite su respectiva elección del movimiento acorde a las estratagemas en el arte de jugar ajedrez y los principios derivados del Máximo Potencial.  El auto-conocimiento en pos de la verdad.

Una vez clasificados y asimilados tales conceptos, se los puede estimar cómo los fundamentos vitales del juego con propósito para no divagar al momento del combate de las ideas, cómo lo exige la propia mecánica del juego, ya que siempre se debe hacer el movimiento que requiera la posición para evitar todo tipo de errores, pensamiento que es la base de toda técnica eficaz en ajedrez y la causa del auténtico progreso en dicho arte.

Después de todo, no son los trucos ni las trampas lo que garantizan la evolución del  ajedrecista sino el énfasis que se aplica en desarrollar la profunda comprensión estratégica de acuerdo a tales parámetros de utilidad práctica, de manera que el jugador posea normas objetivas que guíen su conocimiento general de las ideas que predominan este complicado terreno de lógica abstracta.

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