Obstáculos que vencer al entrenar ajedrez

Emanuel Lasker ya lo dijo en su época y no erró en afirmar que aprender a jugar ajedrez es aprender a pensar por uno mismo, algo en verdad exigente del mejor enfoque práctico para integrar todas las fortalezas de un jugador completo en un programa de aprendizaje serio y objetivo. Pero habiendo abundancia de recursos para desarrollar tu habilidad, es saludable conocer en primer lugar: matices y elementos del aprendizaje, sobre todo para conducir adecuadamente la asimilación de principios y conceptos clave; y para impedir que éste tienda a la obsesión o la monotonía: generadoras de estrés y obstrucciones en el auténtico progreso. Así, antes de abarcar una metodología es imperativo ser consciente de tales matices.

La principal obsesión que puede surgir por el ajedrez es el frívolo deseo de ganar sólo por ganar, y esto es algo que debe superarse completamente. Es verdad que el ajedrez competitivo se trata de lograr la victoria en las partidas de torneo, pero esto es un resultado que surge naturalmente de las imprecisiones del oponente y la aplicación del pensamiento metódico, así que más importante que pensar obsesivamente en ganar es el pensar en jugar correctamente y no cometer errores, pues el resultado lógico del ajedrez bien jugado es el empate, lo cual tampoco es un resultado en absoluto despreciable. Y al margen del tema, en este caso vienen oportunas las palabras del filósofo Sun Tzu que dan mucho para meditar al respecto: la mejor victoria es aquella lograda sin luchar.

No obstante, para librarse del estancamiento didáctico es necesario reconocer qué otros obstáculos pueden presentarse durante los procesos de orientación educativa propia o para los demás, en favor de potenciar el éxito en el aprendizaje y salvar meses o incluso años de vanos esfuerzos en entrenamiento carente de sentido.

Lo que se debe superar, entonces, son ciertos paradigmas reseñados a continuación.

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La acumulación de conocimiento inerte

El conocimiento no es el único requisito para ser un fuerte jugador, sólo es un factor de varios. Otro factor aún más importante es el tener un correcto sistema de pensamiento, pues todo conocimiento adquirido requiere ser un complemento al sistema de pensamiento independiente, caso contrario dicho conocimiento no sirve ni ayuda en fortalecer el sentido conceptual objetivo y práctico. Esto es algo aplicable en todas las áreas de la educación, pero en ajedrez se destaca este hecho porque su práctica no sólo implica el logro de resultados deportivos, sino la creación de un ser humano apto y capaz de modular una conducta, una capacidad de análisis y de reflexión mental que le conceda una destreza primordial en cualquier esfera de la vida, ya que aprender es algo más que adquirir un conocimiento, es orientarse en la manera de pensar y forjar los sutiles procesos de la creatividad. Precisamente, aprender es adquirir una consciencia de pensamiento ponderativo multifuncional.

Un ajedrecista necesita saber cómo aplicar su conocimiento en la práctica enfocándose a perfeccionar sus procesos cognitivos, algo mucho más importante que la adquisición desmesurada de nueva información inútil. Pues el único sendero para desarrollar la agilidad práctica es a través de asimilar abundantes esquemas del ajedrez clásico. Razón por la cual campeones cómo Hikaru Nakamura, Magnus Carlsen y Maxime Vachier-Lagrave destacan además en la modalidad de ajedrez rápido, ya que tienen el amplio respaldo de su experiencia basado en patrones e ideas estándar del ritmo pensado, compilados categóricamente en su cognición.

De modo que para refinar tal destreza del pensamiento es fundamental guiarse por un método enfocado en pulir su técnica para evaluar e interpretar situaciones, proyectar el cálculo de variantes y adaptarse a nuevos matices de manera espontánea.

Lasker E. (1926). Manual of Chess. Págs. 337-338:

La educación en ajedrez debe ser una educación en pensamiento independiente y juicio crítico. El ajedrez no debe ser memorizado, simplemente porque no vale la pena. Si cargas tu memoria, debes saber por qué. La memoria es muy valiosa cómo para almacenarla de insignificancias. De mis cincuenta y siete años he aplicado al menos treinta en olvidar la mayoría de lo que he aprendido u leído, y porque he triunfado en esto he logrado una cierta destreza y alegría con la cual nunca jamás quisiera no estar otra vez. Si es necesario, puedo incrementar mi habilidad en ajedrez; si es necesario puedo hacer aquello de lo cual no tengo ni idea en el momento. Pues he almacenado poco en mi memoria, pero puedo aplicar ese poco, y es de buen uso en muchas y variadas situaciones. Lo mantengo en orden, pero me resisto a cualquier intento de aumentar su peso muerto.

No se debe conservar en la mente: nombres, números, circunstancias aisladas, ni tan siquiera resultados, pero sí solo métodos. El método es flexible y se puede aplicar en cada situación. En cambio el resultado, el incidente aislado, es rígido, porque está sujeto a condiciones enteramente subjetivas. Los métodos producen numerosos resultados; unos pocos de estos permanecen en la memoria, y mientras se conserven pocos, son útiles para ilustrar y mantener vivas las reglas que producen múltiples resultados. Tales resultados útiles deben ser renovados de vez en cuándo así cómo la comida fresca se debe suplir a un organismo viviente para mantenerlo fuerte y saludable. Pero los resultados útiles de este modo tienen una conexión viva con las reglas, y éstas a su vez se descubren al aplicar un método vivo: el todo en esta metodología debe tener vida. Y más que eso, una vida armoniosa.

Esta vida armoniosa surge de la vida; y la vida sólo se genera por la vida. Aquel que quiera educarse a sí mismo en ajedrez debe evitar lo que está muerto en él: teorías artificiales, sostenidas por escasos ejemplos y descartadas debido a un exceso de ‘ingenio humano’; el hábito de jugar con oponentes inferiores; la costumbre de evadir trabajos complicados; la debilidad de usar acríticamente las variantes o reglas descubiertas por otros; la vanidad narcisista; la incapacidad de admitir errores; en breve, todo aquello que conduzca a un estancamiento u anarquía.

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La tendencia de sobrevalorar la cantidad de información adquirida sobre su calidad

Esto es una derivación del primer obstáculo. A veces cuándo hay un gran entusiasmo por aprender, aquella emoción puede nublar el juicio de quién se dedica a estudiar algo sin un objetivo concreto al darle importancia a elementos que no la merecen, por ejemplo, cuándo algún estudiante se plantea cierto número máximo de páginas qué leer o de ejercicios qué resolver a diario, no sabiendo lo inexacto que resulta ese enfoque si no se cuenta con la comprensión consciente adecuada, se omiten aspectos vitales del entendimiento duradero por intentar abarcar mucho, aunque no asimile nada realmente. Las obras didácticas no deben leerse de manera superficial, sino con esmero y detalle asegurándose de entender el contexto descrito, la esencia e intención del razonamiento, no avanzando a temas de mayor dificultad sin antes haber entendido los conocimientos previos, así elevando la calidad de la información adquirida.

09Junio2020

La escasez de conocimiento básico

Así cómo para poder calcular en matemáticas primero es necesario aprender los números, en ajedrez ocurre algo similar, pues el fundamento de todo buen juego radica en el dominio de sus principios elementales que asisten al desarrollo del talento individual, cosa que ignora un neófito de la materia cuándo intenta aplicarse al estudio de teorías o técnicas no aptas para su nivel de comprensión y desprecia los conceptos básicos presentes en el transcurso de cada batalla, porque simplemente desconoce que dichos conceptos son la clave de todo método eficaz.

Durante el desarrollo del juego es imprescindible utilizar las ideas estratégicas básicas cultivadas en tu preparación, valorando correctamente tus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, relativas a los elementos dinámicos del juego. Garry Kasparov se refiere así al respecto:

Masterclass.com (2019). Garry Kasparov Teaches Chess:

No existe una regla que exija detener la adquisición de ventajas posicionales y avanzar con tácticas. Es algo que uno siente y que es importante para encontrar oportunidades ventajosas. Así que nunca se debe dejar de hallar una oportunidad para plantear amenazas y ganar ventaja dinámica, porque siempre las hay, especialmente si uno tiene piezas bien colocadas, controlando los cuadros centrales del tablero u acumulando presión para dirigir un ataque al rey adversario.

Eso es lo que hace la diferencia entre los buenos jugadores, los muy buenos y los mejores de los mejores, ya que uno intuye cuándo es el momento correcto. Es difícil de explicar, pero se trata de saber jugar en el momento preciso usando las ventajas posicionales y las piezas dominantes, para convertirlas en una ventaja material decisiva. Aunque hay una recomendación, o le diría yo una advertencia: cuándo evaluamos una posición y sus elementos tácticos hay que destacar aunque sea un tema estratégico, ya que una buena combinación táctica incluye diversos componentes  básicos [refiriéndose a los temas que surgen de la táctica cómo ataque doble, clavada, sobrecarga, etc.]. Por ello es importante conocer tantas posiciones y esquemas cómo sea posible aprender, pues uno nunca sabe cuándo resulten de utilidad en ciertas situaciones.

No hay que ser dogmáticos, ya que tampoco se trata de hacer un movimiento en reacción de otro, o de que un patrón sea más importante que otro, siempre hay variantes, y debido a esto creo que es de ayuda estar cómodo conociendo diferentes posiciones. Los patrones múltiples crean diversas configuraciones; por esta razón soy cuidadoso de ser muy específico y forzar el aprendizaje con una actitud de pensar ‘esta o aquella es la manera correcta de aprender ajedrez’. El aprendizaje del ajedrez es un proceso constante, e incluso un jugador del más alto calibre no debería dejar de aprender porque es posible hallar nuevos temas con la disposición a descubrirlos.

13Jun2020

Las expectativas de resultados rápidos

Debido a la fuerte motivación y el deseo de triunfo latentes en el espíritu de todo jugador que se apasiona por mejorar y contemplar resultados lo más pronto posible, las expectativas de mejorar rápido pueden ser causa de obstáculos cómo los mencionados anteriormente porque la presión psicológica auto-impuesta, o impuesta en ciertos casos por algún tutor o padre de familia hacia sus pupilos, inhibe la capacidad de concentración e incluso el propio interés en el juego.

La realidad es que los progresos técnicos, en una actividad que requiere dedicación y perseverancia, toman cierta duración para ser apreciables. Por lo que en vez de centrarse en los resultados inmediatos, el estudiante mejor se debe enfocar en la calidad de su técnica y criterio práctico independiente, tanto para disfrutar del ajedrez cómo diversión y deporte, así como para permitirse avanzar con vigor y confianza en el desarrollo de las virtudes inherentes a esta ciencia concebida cómo juego de lógica, paciencia, tolerancia; dónde la calidad del movimiento prevalece y el criterio genera espontáneamente sus resultados.

Caruana tata
«Se trabaja por un largo periodo y no aparecen resultados, pero en algún momento todo adquiere sentido y empiezas a jugar mejor o ganar más confianza.» – Fabiano Caruana

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